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La enfermedad celíaca es una intolerancia permanente al gluten.
El gluten es una proteína que forma parte de algunos cereales sobre todo del trigo, avena, cebada, centeno y en otros de uso menos frecuente en nuestra dieta como son el kamut, la espelta y el triticale.
El gluten provoca una lesión severa de la mucosa del intestino, las cuales se pueden manifestar de distinta forma y que conlleva una mala absorción de los nutrientes (proteína, grasas, hidratos de carbono, sales minerales y vitaminas).
Se estima que afecta a 1 de cada 150 personas.
La enfermedad celíaca la padecen individuos predispuestos genéticamente.
En la forma llamada clásica los síntomas más llamativos son diarrea, malnutrición, distensión abdominal, rechazo del alimento y cambio de carácter.
Los síntomas son más importantes cuanto menor es la edad del niño, debido a la escasa capacidad de reserva del intestino.
La supresión del gluten mejora la sintomatología y normaliza la alteración intestinal, para volver a reaparecer cuando se reintroduce el gluten.
Una analítica de sangre, en la que los valores de los anticuerpos antigliadina, antiendomisio y antitransglutaminasa fuesen positivos, harían sospechar la existencia de la enfermedad, pero su diagnóstico definitivo, se realiza mediante biopsia intestinal.
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